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TERESA GRASA JORDÁN

   
  
 
 
 
 

 
 

Poética y celebracion de la naturaleza


 Atinan muy poco quienes consideran que la naturaleza es un estado o una categoría primaria de condición agreste, indomada e inculta –en cualquiera de las acepciones posibles–, o bien espectacular, sobrecogedora y sublime, sólo interesante para espíritus simples o personalidades en exceso emotivas o contempladores ociosos, seguramente porque olvidan que la percepción de lo natural es absolutamente humana y que, además de la todavía salvaje, existe una proporción mucho mayor de naturaleza humanizada, con todas las consecuencias, e incluso privativa y doméstica.
Dejando de lado la turbamulta de supuestos amantes de la naturaleza (que en realidad la frecuentan con fines bien utilitarios, incluso los de carácter emocional o afectivo), es muy difícil encontrar personas que verdaderamente la comprendan, se identifiquen con ella y reconozcan los múltiples lazos de interdependencia que nos unen, la respeten sin condiciones y sean capaces de crear universos comunes de convivencia y comunicación, más allá y por encima de los meramente materiales.
Quizá se trate de capacidades y virtudes que sólo pueden reunir algunos artistas, especialmente dotados en ocasiones para ver el mundo con la simplicidad y la frescura con que lo ha visto siempre Teresa Grasa, pintora y grabadora que a lo largo de su trayectoria creativa se ha dedicado por completo a descubrir y recrear y celebrar la naturaleza, sobre todo aquella que está más enraizada y presente en su biografía vital, es decir, que forma parte de su propia naturaleza.

Rafael Ordóñez Fernández