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TERESA GRASA JORDÁN

 
  
 
 
 
 

 
 

Reencuentro con Rembrandt

En el verano de 1967, recién terminada la Licenciatura en Químicas, tres amigas, Pili Villar, Tere Vela y yo, hicimos un viaje para  ver con nuestros propios ojos la síntesis del Arte de la Pintura, Rembrandt y Van Gogh.  Para una joven de formación técnica, pero con grandes deseos de expresión artística, aquel viaje fue una revelación. Fuimos en tren a París, luego, Lille, Gante, Brujas, y por fin Ámsterdam.

Allí nos esperaba Rembrandt con toda su magia y su mensaje intemporal. Buscamos a Van Gogh en un bello Museo en el campo, y comprendimos entonces lo que significa la pasión por el Arte.  
Cuarenta años mas tarde, el reencuentro con Rembrant, acompañada de mi familia, con motivo de su 400 cumpleaños, ha sido emocionante. Jóvenes, mujeres, ancianos, niños, traspasan los límites de la pintura y parecen pasear por esas calles tan plácidas y con tanta vida actual.

Los rostros de sus personajes nos acompañan y nos hacen preguntas hoy todavía. Van Gogh sigue tan vivo y con tanta fuerza, que filas interminables de jóvenes y viejos se acercan con veneración a contemplar sus almendros y girasoles  en su Museo en Ámsterdam, en busca de la esencia de la pintura y una razón para vivir.                                         
                                                             

Teresa Grasa Jordán